Los cuatro baluartes del Palau de Betxí

    En una carta de Jerónimo de Cabanilles fechada en 1547, se recoge cómo Sancho de Cardona Roís de Liori estaba en Betxí mal dispuesto y quería trasladarse a Valencia. En la carta se indica que Betxí en este tiempo no es tan sano ni tan seguro como Valencia, debido a los ataques corsarios. Debido a estos ataques las poblaciones de la Plana empiezan a fortificarse; así, en 1553-1554 Mascarell erige un nuevo recinto defensivo y Nules consolida el ya existente en 1561 (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 315-316). Los baluartes en las esquinas del Palau son necesarios al tratarse de un momento álgido de la actividad de los piratas berberiscos que asolaban las costas del Reino de Valencia. Sancho de Cardona Roís de Liori, I marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, era el encargado de la defensa de la costa norte de dicho reino (BETXI, 2014, XXXIX, 23).

Foto 1: Baluarte situado al sudeste del Palau.
Foto 1: Baluarte situado al sudeste del Palau.

El 7 de julio de 1559, el canterano Jacques de Pomar[1] firmó un contrato con D. Sancho de Cardona para la construcción de 24 troneras; 12 de las cuales serían a la rústica, como las del portal rústico, y las otras 12 lisas, todas ellas de piedra de Onda; también se añade el compromiso de construcción de otras tres troneras pequeñas, de un arco y el cierre de una pared desde el piso de tierra hasta la sala, sala y arco que no se especifican. Para estas obras, el maestro se comprometía a arrancar la piedra con la ayuda de los peones que hicieran falta y a llevarla a la villa de Betxí en los carros del Almirante de Aragón. Sancho de Cardona le debía entregar ocho arrobas de aceite, todas las herramientas necesarias para su trabajo y un total de 2.750 reales castellanos. Para esta obra se preveía un plazo de 7 meses de trabajo (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 318).

    Meneu describe que había cuatro baluartes y que comunicaban con el interior del edificio. Al exterior constaban de grandes sillares labrados y eran de fuerte argamasa en el interior y en la bóveda. En 1903 solamente quedaban bien conservadas dos caras de las cuatro del baluarte del ángulo noreste y dos caras mal conservadas del baluarte del ángulo sureste, y parte del foso de cuatro metros, que fue cegado al poco tiempo. Según Meneu los sillares de los baluartes del noroeste y suroeste, los que dan a la plaza Mayor, fueron vendidos al contratista constructor del azud nuevo del río Mijares y gracias a que tenían una mala calidad como piedras sillares, no se vendió el resto de las piedras de los otros baluartes y se mantuvieron en pie (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 325).

    Los cuatro baluartes debieron resultar parte importante de la reforma del edificio en el siglo XVI y debieron estar ya construidos en 1559 cuando se encarga a Jacques de Pomar las troneras. Lo más significativo es el hecho de la diferenciación de unas troneras a la rústica y de otras lisas, en número bastante abundante, 12 de cada tipo, que podemos quizá subdividir entre un número total de 4 baluartes porque éstos no son muy grandes y doce troneras en cada uno de ellos resultarían demasiadas. No sería descartable que las troneras a la rústica fueran las que se colocaron en los baluartes que miraban hacia la plaza. A fin de cuentas flanqueaban la puerta rústica recién construida en los meses inmediatamente anteriores (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 325-326).

    Podemos entender que quizá fueran éstas las troneras que se situaron en los baluartes esquinados que flanqueaban el Palau, y que por tanto, podemos presuponer que ya estaban construidos en esta fecha. No sabemos si elevados mucho antes, o quizá por el mismo Jacques de Pomar en los años precedentes. Parecen responder a descripciones realizadas antes de que se hubieran perdido las partes altas de los baluartes donde presumiblemente estaban las troneras. En algunos textos se habla de la existencia en el palacio-fortaleza de unas obras defensivas que tenían “espigons amb troneres per a canons”. Las otras indicaciones de subir la pared hacia la sala y la construcción de un arco corroboran que se trata de intervenciones en el edificio palaciego que ya se estaba remodelando y en el que presumiblemente luego se realizaría la transformación del interior del patio (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 318).

    Los baluartes presentan muros de sillería, en talud coronada por un bordón grueso de piedra, sobre la que arranca una construcción de mampostería. Los cuatro baluartes a base de sillares estaban destinados a situar piezas de artillería.

    En un documento hallado por los arqueólogos Lourdes Tamborero y Rafael Martínez se citan dos torreones con cubiertas a cuatro aguas, sin poder localizar su posición (PALAIA-TORMO, 2009, 1026). Con el portal rústico y la construcción de los cuatro baluartes, el Palau de Betxí se adelantaba a otros modelos palaciegos realizados en el ámbito nacional por artistas italianos, fundamentalmente genoveses. También Betxí es anterior al palacio de Benifairó de les Valls.

    Un grupo importante de canteros franceses se concentran en la zona castellonense y valenciana. Para todos ellos, su primera obra documentada en esta área geográfica es el Palau  de Betxí. Jacques de Pomar, Joan de Ambuesa y Pere Maseres entraron en escena, el primero con seguridad a partir de 1559, con la construcción del portal rústico y de los cuatro baluartes, y los dos restantes a partir de 1567 con la construcción del patio renacentista. Podemos considerar que las principales obras realizadas en el Palau coincidieron con este lapso cronológico, que se puede ampliar un poco por delante, si las de los baluartes son anteriores (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 323).

                       

                                                                                                                       José Fco. Blasco Cobeño

                                                       

Bibliografía


BETXI, Revista d´Informació Local, nº 39, Especial Palau-Castell, Ajuntament de Betxí, Betxí, 2014.

GÓMEZ-FERRER LOZANO, Mercedes (2014): “El palacio renacentista de Betxí (Castellón). Aportaciones a su historia constructiva”, Artigrama nº 29, Universidad de Zaragoza, pags 305-337.

PALAIA PÉREZ, Liliana-TORMO i ESTEVE, Santiago (2009): “El Palacio de Betxí. Historia de su construcción a través de la lectura del edificio”, Actas del Sexto Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Valencia 21-24 de octubre 2009, pags 1019-1028.


[1] Jacques de Pomar se puede identificar con un maestro francés que trabajó en tierras aragonesas y que en la documentación de esa zona se le conoce como Jacques de Anduxes. Nos referimos a un maestro que en 1555 está documentado en las obras de la basílica de Santa María de Graus en Huesca (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 320).

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